mayo 28, 2010

Creer en el Cardenal que protege con su capelo cardenalicio a la Dictadura para ver si se liberan algunos presos políticos en un evento único de la historia reciente de la Isla.

Con este título he tratado de incluir la que parece ser las ideas vertidas por algunos que opinan sobre las actuales relaciones Iglesia (católica)-Estado. Hay en curso un diálogo y eso ha avivado la polémica sobre Cuba. Reviso las opiniones que se van produciendo y 9 de cada 10 artículos o notas sobre el asunto, cuestionan las gestiones del Cardenal y la jerarquía de la Iglesia católica. Hay criterios muy lamentables, otros exaltados, algunos con vaguedades y los más sesgados y tendenciosos. Estos tres artículos son de los últimos que aparecen en la Red
El primero con el título de: ¿Creer en el Cardenal? , escrito por el periodista independiente Luis Cino de Primavera Digital toma una posición proporcionada; entre otras cosas dice:
Las relaciones Iglesia-Estado van viento en popa. Ahora los cubanos, para encomendar nuestras almas en medio de tanto desastre, además de la Virgen del Cobre, tenemos un beato criollo en la antesala de la santidad. Tal vez el próximo beato, escogido por el Cardenal Ortega o la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido Comunista (¿quién sabe?), lleve sotana verde olivo.
Pero no esperen que me sume al mitin de repudio contra el Cardenal Ortega por su pusilanimidad casi oficialista y algunas recientes declaraciones desafortunadas. Monseñor Jaime es sólo otra víctima del miedo que le sembraron en el alma. No podemos aspirar a que todos en el Arzobispado de La Habana tengan la valentía de Monseñor Oscar Arnulfo Romero o Jerzy Popielusko. Debemos cristianamente resignarnos con que el cardenal haga bien lo que pueda hacer.
( Foto de la Izquierda tomada de Guamá periódico digital humorístico )
Más mordaz y atrevido, las opiniones del periodista Jaime Leygonier de la Agencia Hablemos Press vienen con su artículo: Estado -Iglesia, "algunos presos" y la manipulación propagandística”; donde argumenta:
Sustituir con nuevos rehenes que regalarles como mascotas a tal o cual político a los que desde el 2003 tan amargo le cuestan al Régimen. Si continúan las leyes represoras de las libertades fundamentales, será arar en el mar y nuevas familias sustituirán en el Calvario a las Damas de blanco, pero Dictadura e Iglesia habrían aparentado lavarse en el Jordán de las buenas intenciones.
Si la Iglesia "/…supera viejos agravios…/ con el Estado que la persiguió y sujeta, que no agravie a la Nación con servir a la política de ganar tiempo para la dictadura y limpiarla un poco. Y ¿cuáles agravios no perdona a los disidentes puesto que preconiza el dialogo con la Dictadura mientras da con la puerta en las narices a opositores y prensa independiente?
En Cuba no se juega la Iglesia el prestigio de un Arzobispo, que ya lo perdió sin remedio - por lo que la Iglesia para cualquier acción seria necesita sustituirlo por mediador creíble, verdaderamente neutral e independiente de la zarpa de los Castro - sino el prestigio de la Iglesia Católica, que no puede jugar en Cuba un papel pro-dictadura ni pro-intereses europeos antinacionales.
( Foto tomada del Blog Las fabulas del Tiranicida) del mismo articulo.
Por último este es un buen ejemplo de artículo que aunque algo retorcido muestra un enfoque histórico nada desdeñable para poder entender las relaciones entre la Iglesia católica cubana y la Dictadura. Es el autor, Raúl Dopico, quien en el Blog “Las fabulas del Tiranicida” se sumerge en tan escabroso tema en su artículo: Las Dos Sotanas del Castrismo o el Conejo en el Sombrero.
Dice Dopico: Siguiendo el concepto aristotélico ya sabemos lo que provocó la intervención en la historia de Cuba de la sotana de Pérez Serantes: más de medio siglo de una cruel y sangrienta dictadura.
Asfixiado políticamente en su propio juego de matón de barrio, sin liquidez para pagarle a las empresas extranjeras con las que mantiene negocios y con una escasez de alimentos que pone al país al borde de la hambruna, el castrismo ha acudido al único conejo que se puede sacar del sombrero: la iglesia católica cubana.
En la aparición-sígase entendiendo en el sentido cristiano- de la segunda sotana del castrismo, nuevamente la casualidad involucra a la iglesia católica cubana, aunque esta vez ha sido una casualidad cognoscitiva brusca, incierta. Una casualidad, ahora sí, accidental. La iglesia no esperaba ser llamada a desempeñar el papel de mediadora, pero lo ha asumido convencida de que el régimen castrista, víctima de su propia naturaleza violenta, la necesita. Convencida de que el régimen ha sembrado vientos y está cosechando tempestades, y que sólo la iglesia puede evitar que la situación se salga de control.
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