enero 22, 2010

Defender la pluralidad religiosa en Cuba.


Encontramos en la paginas de Primavera digital un análisis bastante completo de la compleja situación de la religiosidad del cubano en relación con las consternaciones ocasionados después de la debacle social que significó la irrupción en la vida nacional de la mal llamada “Revolución” Aquí el autor se refiere a los valores y símbolos religiosos de nuestra nacionalidad. El Blog de Religión en Revolución fiel al sentido de pluralidad religiosa inserta algunas de las opiniones del autor e invita a la lectura de este artículo.
Cuba es una isla con personalidad propia. Cargada de valores y símbolos religiosos donde se desarrollan todas las tendencias que se ejercen en el mundo. Esto abarca sectores tradicionales, fundamentalistas, hasta sectores muy radicales y secularizantes. El mapa religioso cubano está conformado básicamente por tres grandes grupos: el catolicismo, el arco que representan las denominaciones protestantes y las religiones de origen africano. La mayoría de la población cubana tiene sentimientos, ideas, representaciones religiosas que no son propiamente coincidentes con el catolicismo, el protestantismo, el espiritismo o la Regla de Ocha Ifa o Santería, pero se alimentan de todas ellas.
Tras el movimiento sísmico de 1959, “la esperada ola libertaria”, cedió ante los patrones discriminatorios del esquema ateísta propio del marxismo de corte soviético. El ejercicio cívico religioso atravesó por amargas realidades, no tener creencias religiosas de tipo alguno, era aceptado desde entonces sin reservas éticas o sociales. El ateísmo dejo de ser visto como un defecto moral, se convirtió en un logro, en un asunto público con mérito y virtud.
La sociedad cubana se debatía entre elegir la fe de la iglesia o la fe de la Revolución. Un choque inevitable que dio lugar a la promoción del ateísmo científico. Infusión discursiva, sin fecha de vencimiento. La religión era un obstáculo para el nuevo esquema político y el desarrollo del hombre nuevo. El ateísmo fuerte, como parte de la lectura doctrinal y antirreligiosa del marxismo, se convirtió en una religión privilegiada política y socialmente.
La discriminación social y política para los religiosos, ocupó lugar. Vieron cerrarse muchos espacios y vías de ascenso en la sociedad. Unos abandonaron la fe, otros optaron por una doble fidelidad o “doble moral”. Un alejamiento de la iglesia, conservando la fe en aras de asegurar determinada posición en la sociedad. El acceso a una carrera universitaria especifica, un cargo de dirección, o simplemente una plaza laboral. Las instituciones religiosas se vieron forzadas a reflexionar, se convirtieron en fortalezas sitiadas.
En los noventa, tras la caída de muros reales y simbólicos, se despenaliza la espiritualidad religiosa. Las diversas religiones y su ciudadanía, dejan de habitar la clandestinidad y se insertan en el espacio público. No sólo se inicia una reanimación de la espiritualidad religiosa, sino también una pluralización de la misma. En periodos de crisis la fe religiosa es una dinámica que cobra fuerza, el paisaje religioso cubano se diversificó como una necesidad sustantiva de la ciudadanía. Comenzó a operar como la expresión de los deseos, necesidades y preocupaciones de una sociedad abierta al cambio, portadora de esperanzas.
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*Coordinador nacional del Comité Ciudadano por la Integración Racial (CIR). E-mail: cubainterracial.gl@gmail.com