diciembre 01, 2008

Dominus vobiscum

Por: Luife Galeano.
Estamos de enhorabuena. El Asere Supremo se nos pone saco y corbata para presidir la beatificación del padre Olallo; curador de almas y cuerpos allá en el siglo diecinueve durante la Guerra de los Diez Años. Muy mojigato y meapilas se nos están convirtiendo estos rojos ancianos que nos desgobiernan. Primero fue la inauguración de la basílica rusa; reminiscencia de templos de la Plaza Roja y cadáver incorrupto secular. Encantado de la vida no se le erizaron las carnes al Presidente, ni le salieron tarros --esos no los tendrá jamás-- sino, más bien, se le encogió el rictus en una petrificada sonrisa que exhibió tanto agarradito del brazo del pope como, semanas después, junto al presidente Medvedev cual arrebolada damisela con tanto honor enloquecida.
Entre medias sufrimos el 'introibo ad altare Dei' junto al inescrutable Hiu Jintao en el que, a faltas de un templo budista sufragado con Fondos de Cooperación españoles --esos fondos que sirven para todo menos para matar el hambre--, nuestro hermanísimo nos deleitó con tremendo Wa Huan Koh; a capela, eso sí, ante la ausencia de konghous, erhus y sanxians. Ahora --santo, santo, santo-- toca congraciarse con la Iglesia Católica y sus curas libertarios; esos que, no hace mucho silenciaron a Dagoberto Valdés y su revista Vitral. Esos que consideran que las acciones contra Cuba son 'obsesiones enfermizas'. Esos que, en definitiva, han manipulado y tergiversado el mensaje evangélico para servir al Asere Supremo y su cohorte totalitaria.
Sólo hecho en falta un toque de cubanidad entre tanto ecumenismo dialéctico. No estaría de más que nuestro presidente se vistiera de blanco y le pidiera permiso a Eleggua el próximo 4 de diciembre y se lanzara en un irrefrenable bembé a golpe de los batás y su okóngolo de Palo Mayombe exclamando: ¡Kabiosile, Changó! No dejaría de ser un toque folclórico entre tanto chupacirios y boato eclesial. Me pregunto, sin embargo, con verdadera curiosidad y ansias de conocimiento qué habrá sentido el Asere Supremo en el momento de la substanciación, de la realización del misterio divino. Tal vez le hayan venido a la mente los veinte mil cubanos ahogados en el Golfo huyendo del terror por él implantado. Tal vez lo hayan sido los miles de fusilados que de forma despiadada fue anotando en su haber desde los tiempos de la Sierra Maestra. O los inocentes patriotas del Directorio que exterminó con la misma sonrisa con la que recibe a dignatarios y lacayos. O puede que, quizás, no se haya percatado de lo que representa el cuerpo de Cristo consagrado. Con el mismo desprecio se desentiende de los opositores que claman espacio democrático, de su desprecio hacia las firmas del Proyecto Varela, entre otros, o de los abusos al retirar pensiones o a la entrega de ayuda humanitaria a las shopping en dólares o --¡cómo no!-- a la prohibición de los actos por el día de los Derechos humanos.
Este es el Agnus Dei que se pasea al socaire de las sotanas, el eterno adulador de los actos protocolarios, el incapaz de sacar a su pueblo de la miseria porque miseria son sus actos indolentes. Ante semejantes atropellos, la única salida del pueblo cubano es la insumisión; el negarse a cooperar, a asistir a los mítines carnavalescos, a seguir en la interminable nostalgia de tiempos mejores tantas veces prometidos y tantas otras defraudados. El pueblo debe ser consciente de que se encuentra ante otra pantomima válida tan sólo porque cumple con los requisitos que los bienintencionados progresistas del exterior necesitan para apaciguar sus conciencias; para que digan que, en Cuba, se están produciendo los cambios y continuar en la mamandurria de todos los días. Con semejante panorama, no sería extraño ver a ministros de exteriores duchándose con el hisopo del agua bendita o a vice secretarios generales esnifando el botafumeiro de Santiago de Compostela.
Al tiempo. En fin, ite, misa est.
Fuente: Patria Digital Cuba.
Foto: El dictador sustituto , Raul Castro,en el acto de beatificacion.