mayo 17, 2007

Mercader del Templo.

Por Ángel Alonso Dolz.
Mujeres cubanas, mujeres de pueblo, marcharon unidas como cada domingo esta semana en el Día de las Madres, para hacer palpables sus sentimientos de solidaridad con los presos de conciencia y con su sentir religioso.
"Reciban nuestra felicitación hermanas en la fe, en la causa que con tanto amor defendemos, caminemos siempre firmes y decididas porque como todo buen cristiano estamos siempre de la mano del Señor", dijeron en un mensaje leído por Elvira Marrero, prima del disidente Diosdado González Marrero, también condenado a 20 años de prisión. (Cubaencuentro / 14-05-07)
Mientras tanto, el Cardenal Ortega, la máxima representación jerárquica de la Iglesia Católica cubana, reiteraba en recientes declaraciones públicas en Brasil lo que ha venido a ser su posición de principios, en lo relacionado con el momento histórico que vive el país en el cual está investido como pastor principal del rebaño del Señor:
El cardenal cubano Jaime Ortega afirmó el viernes que se ha cumplido parcialmente la exhortación hecha hace casi una década por el papa Juan Pablo II en su visita a la Isla, de que Cuba se abriera al mundo y el mundo se abriera a Cuba, informó la AP.”
Observar a los toros desde detrás de la barrera, es la tónica dominante en el léxico del Cardenal Ortega:
"Hay todavía dificultades muy grandes —como es lógico, relaciones difíciles con Estados Unidos— que son muy antiguas y que permanecen", dijo el cardenal a los periodistas. "Sí, parcialmente, (esa apertura de ambos lados) puede haberse producido", agregó en rápida declaración en la localidad brasileña de Aparecida.
Pero "siempre tiene que haber una mayor capacidad de diálogo con el mundo, y entre todos", añadió declinando explicarse.
No es difícil responder al cuestionamiento actual por parte de la Iglesia Católica, en lo referente a la pérdida de fieles en América Latina, quizás el bastión fundamental de dicho credo en el momento presente, cuando los preceptos emanados del Papado pierden terreno cada vez más en el resto del mundo, en particular dentro de naciones europeas como España, donde la Iglesia ha perdido mucho crédito. Con los cubanos se pierde cada vez más.
Las discordancias entre las denuncias que gritan por las calles de La Habana las Damas de Blanco, son demasiado evidentes frente a los suaves murmullos de invitación a la concordia emanados del Cardenal cubano.
Hablar de que se vienen produciendo aperturas parciales por parte del Gobierno de la isla, es como atemperar el recuerdo de la furia de los soldados romanos que laceraron a Jesús en la cruz. Si la Iglesia Católica Romana no actúa en consecuencia y remite a su representante evangélico en Cuba a que se atenga a la objetividad y deje de hacerle el rendez vous a la cúpula política que detenta el poder en la nación, muy mal se aprecia el horizonte católico en la isla.
El Cardenal Ortega Alamino no es un sacerdote común, no fue ese sencillo joven que transitó por la vida entre estudios y conventos, ajeno a la realidad de cuanto acontece cada día a su alrededor; el prelado fue objeto de uno de los mayores vejámenes que pueda sufrir un ser humano, cuando sin causa aparente fuera confinado tras las alambradas de ese campo de concentración estilo nazi, que tomó el nombre de UMAP en la Cuba de finales de los años sesenta.
De nada valieron las experiencias en carne propia, las observaciones de las injusticias a su alrededor, la visión de una realidad pasmosa, traumatizante, que marcó el futuro para muchos jóvenes que como él, fueron internados en esas veladas prisiones.
Francisco García Martínez, nació en Jovellanos, Matanzas. Para mí esos campos de concentración de la UMAP fueron de tan amplia magnitud de terror que nunca nadie que haya estado allí los podrá olvidar.
Allí no existía ningún tipo de derecho humano. Todo lo que una mente humana puede imaginarse de terror y crimen, ahí prevalecía.
Mis manos y piernas están llenas de heridas, muchas hechas por mí para tratar de salir de aquel infierno. Nos tenían en lugares remotos de Camagüey, donde los mosquitos mataban a los caballos y también a las personas. Allí vi amarrar a los hombres desnudos a una cerca de alambre de púas. Todavía tengo en mi memoria presente los gritos de aquellos hombres torturados, quienes permanecían noches y días enteros amarrados sin recibir ni comida, ni agua. (Pedro Díaz Hernández) .
La dirigencia de la Revolución Cubana cerró esos campos cuando la opinión pública internacional comenzó a tener conciencia de su existencia, se relegó este hecho a los archivos, dentro de una llamada “política de rectificación de errores”, errores que sucumbieron a la fuerza y dieron paso a nuevos horrores, como es la condena a 75 disidentes pacíficos a penas hasta de 28 años de privación de libertad, por el simple hecho de expresar ideas.
El Cardenal Ortega ha devenido vaga imitación de Richelieu; vende su alma al Diablo y asume el rol de “Eminencia Gris” en el caso cubano, cuando no tiene el pudor de callar ante los que se sacrifican.
"Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras." Nos enseñó Martí. Quizás el señor Jaime Ortega Alamino, Cardenal, necesita unas buenas lecciones de Historia de Cuba y en especial de doctrina martiana, porque “Ver un crimen en calma es cometerlo”.