junio 27, 2006

Los dioses de los aborígenes cubanos.

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Hoy en día no es mucho lo que se sabe, sobre los dioses en que creían nuestros aborígenes, pero se han señalado cinco características en que se fundamentaba la religión de los taínos:

• El Chamanismo o behiguismo
• El cemísmo
• El culto a los antepasados
• El animismo, y
• Residuos totémicos

Sobre el chamanismo o behiquismo vemos la creencia de los poderes mágicos que le atribuían al sacerdote de la tribu llamado Behique o Chamán (Shamán, hombre-médico), que podía curar enfermos, conversar con los muertos, adivinar el futuro y saber lo que orientaba el Cemí, dios sobrenatural que representaban en piedras o maderas que ellos mismos tallaban.

El Cemí o Zemi no era un ídolo de piedra, sino una fuerza natural, desconocida, que equivalía a lo santo, a lo sagrado, y esta fuerza era controlada por el behique, quien era médico y adivino.

Mediante una ceremonia religiosa el Behique entraba en comunicación con los antepasados, para esto tenía que someterse por varios meses a un ayuno donde sólo podía tomar el zumo de ciertas yerbas especiales y después que quedaban flaquísimos eran ya dignos y aptos para que se les apareciese la visión infernal (el demonio), quien le comunicaba si estaban expuestos a enfermedades, temporales, etc.

Cuando el cacique celebraba una festividad en la que participaban todos los miembros de la tribu, al entrar al lugar que fungía como especie de templo vomitaban, metiéndose un palillo por el guargüero, para mostrar al ídolo que no quedaba cosa mala en el estómago. Se sentaban en cuclillas y rezaban; llegaban entonces otras mujeres con cestillas de tortas en las cabezas y muchas rosas, flores, yerbas olorosas encima. Rodeaban los que oraban y empezaban a cantar a aquel dios.

El indocubano también practicó el fetichismo, usando objetos simples como conchas, piedrecillas, sobre todo para lograr una productiva siembra y que el mal tiempo no los afectara, también para tener buena suerte en la caza, pesca, y aunque eran pacíficos, tenían que protegerse de los ataques especialmente de los Caníbales de las Antillas Menores.

Para el aborigen cubano todo animal, planta u objeto en la naturaleza estaba animado de un espíritu, beneficioso o perjudicial, según se le ofendiera o se le reverenciara. Creían en un espíritu superior que llamaban Atabex, en otros espíritus subalternos y en un espíritu malo llamado Mabuya o Babuya.

También creían en el dios Huracán, y en Huión (el sol) quien crea al primer hombre de la tierra llamado Hamao. La Luna, o Diosa de la Noche, nombrada por los taínos Maroya es la que crea a la primera mujer conocida como Guanaroca, para alegrar la soledad de Hamao, y de esa unión nació Imao y Caonao.

Los aborígenes creían en el Paraíso al que llamaban Coyaba, y era el lugar donde iba el alma de los buenos y se gozaba de paz, manjares deliciosos donde ni rayos ni huracanes tenían cabida.