junio 19, 2006

Información amable.



Por: Eloy A González. *
Cuando residía en Miami, con frecuencia veía un telediario en donde una locutora, que se caracterizaba por ofrecer las noticias en tanto que tenia muy cerca en la mesa una flor, terminaba su espacio diciendo en todo mesurado: “ahora le brindamos una información amable”; de lo que se trataba era de dar una noticia que mostrara algo de virtud en el ser humano, y así lo hacia.
Cuando vemos los telediarios la información sólo abarca: crisis de valores, tragedias, crímenes, guerras, violencias, desastres, frías estadísticas y política. En realidad existe un buen número de eventos que muestran más justeza, honestidad y virtud pero que no se dan a conocer a los televidentes, y cuyos protagonistas son hombres y mujeres que andan haciendo lo bueno.
Es así que alcanzo a saber de una moja casi centenaria, Antonia es su nombre, que habiendo abandonado su país natal, los Estados Unidos, ha desempañado todas sus labores de consagración hacia los más desfavorecidos en la remota y empobrecida zona del sur del Perú por más de 50 años.
No llego a entender viviendo como vivo en este país, sometido al afán diario del sustento y el desempleo, en una sociedad marcada por el consumismo; que una mujer rica, feliz y con una formación académica nada despreciable deje todo para ir a un convento donde después de algunos años de preparación y dedicación espiritual, dedique 30 años de su vida al cuidado y apoyo de las miles de reclusas que están o han estado en la cárcel de mujeres de Tijuana.
Muchas veces los argumentos son que, siendo estas personas cristianas, aseguran que: habiendo aceptado a Cristo andan en El y aman porque han conocido a Dios; afirman que Dios es Amor. Pero no crean que personas así andan proclamando sus creencias, su hacer es simple; como no buscan lo suyo, se limitan a amar y hacer buenas obras sin esperar nada a cambio.
Pero parece que la comunidad de personas que se dedican a hacer el bien resulta algo variada, sin que se me mal interprete; veo con admiración como una ex - prostituta enferma del SIDA regresa al hogar que nunca debió de abandonar para ser recibida como hija pródiga. Allí en la casa de sus padres instala, sin contar con los recursos adecuados, un albergue para enfermos de SIDA. Se entrega a la tarea de proveerles alojamiento, comida, ropas y hasta donde le resulta posible cuidados médicos. Nada tiene para dar, sólo la casa de sus padres que se ha convertido por obra del amor en un Sidatorio. Esto ocurre en un poblado de la costa caribeña de Colombia; país este sacudido de un extremo a otro por el mal. Ejemplo único el de una mujer victima de tan terrible enfermedad y con un pasado nada envidiable que muestra en su corazón un amor bien arraigado y de sólidos cimientos; un amor que siendo sufrido es igual de benigno.
Esta que les presento a continuación anda entre los reclusos, casi todos peligrosos pandilleros y drogadictos en las cárceles de la capital hondureña; se trata de una mujer de unos 50 años vestida con ropa casual y que se atreve a deambular por los pabellones entre los peligrosos convictos con los que se sienta a conversar sin preocupación alguna. Es una misionera norteamericana de confesión bautista. Dice que anda colaborando con Dios, peligrosa y muy posible ingrata colaboración, pero allí está como recordándonos que también en una lóbrega cárcel de Centroamérica hay lugar para la probidad.
En la capital de los Estados Unidos, alcanzo a ver una mujer de unos 60 años, ya marcada por los años, la enfermedad y las privaciones; sintiéndose sola y desamparada en un país que le resulta ajeno y caminando por los bordes de la pobreza. Sin embargo, encuentra bien compartir su dedicación con aquellos que están abandonados en las calles, esos que no tienen hogar y cubren sus cuerpos con escasas vestimentas que no les permiten abrigarse del frió. Los hay abandonados y entregados a las drogas, desechos humanos que a nadie les preocupa. Es por eso que esta mujer sin tener como, tiene en cuenta que cuando pone la mesa debe llamar a los pobres y a los enfermos, esos que no le van a recompensar porque nada tienen. Para darles de comer recorre muchas veces caminado los restaurantes del vecindario en busca de comida, esa la que cae de la mesa. No sé cuando esta señora de origen hispano, cuidando de una docena de desamparados, será bienaventurada. Aunque dicen que será recompensada en la resurrección de los justos, estoy seguro que tal vez ni conozca ésta afirmación de la Palabra.
Todas estas personas no saben que en algún momento han sido parte de esa información amable que a veces nos llega, y que debía de multiplicarse en los medios, de forma que sean unas buenas nuevas constructivas que anime a todo aquello que es de buen nombre y que debíamos de tener presente. Estas personas dadas a hacer el bien, y siendo como son partícipes de la mesa del Señor, de cierto que andan muy cerca de la mesa de los demonios; aún así se sienten seguras haciendo lo que creen correcto.
Algunos consideran que estas personas son Ángeles. No lo creo, los Ángeles que he visto en las ilustraciones no tienen rostros enjutos y llenos de arrugas, ni tienen sus cuerpos encorvados por los años. No creo que ningún ángel le guste meterse en el cuerpo de una ex prostituta enferma. Más que reflexionar, dejemos que Dios haga su parte. Porque de que andan asociados con Dios, no me cabe la menor duda.
Estas personas andan en lo verdadero y haciendo lo bueno; algunos creen que, como hacen lo bueno son de Dios. ¿Que creen ustedes? Por lo pronto estamos necesitados de la virtud, como estamos a la espera de que cuando nos sentemos cada tarde delante de la Televisión para ver los telediarios, seamos sorprendidos por muchas de estas informaciones amables.
© 2006
* Physician and Freelancer Writer. E-mail: eloy_gnzlz@yahoo.com . Published in Panorama Hispanic Newspaper. May 2006