marzo 27, 2006

Plan pastoral exhorta a católicos cubanos a insertarse en vida pública.



La Habana, Feb. 06 (ACI).- El Plan Global de Pastoral 2006-2010 presentado por la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, exhorta a los laicos a ingresar en la vida pública de la Isla, aunque reconoce que no existe mucho interés en muchos de ellos para hacerlo.
El plan, presentado durante una reunión entre el Episcopado y el Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, Cardenal Renato Martino, exhorta a evangelizar las zonas más pobres del país, las áreas rurales alejadas, las familias de los presos, ancianos abandonados, madres solteras, hijos de divorciados, creyentes de cultos sincréticos, así como a aquellas generaciones “que han nacido y crecido durante los largos años de ateísmo estructural”.
La elaboración del proyecto tomó siete años de investigaciones sobre el catolicismo en Cuba y su entorno. Éste indica que entre los feligreses cubanos hay poca presencia juvenil y sólo la mitad se siente identificado con los valores morales del matrimonio y defensa de la vida promovidos por la Iglesia.
Sin embargo, revela que entre sus principales preocupaciones están la ruptura familiar, el futuro de los hijos y el temor de que haya una nueva persecución contra la Iglesia. Además, señala que entre los católicos predomina más la visión pesimista que la optimista.
El Plan Pastoral también informa que la familia cubana pasa por “situaciones de vida muy difíciles”, especialmente en lo que se refiere a salarios y vivienda, las cuales son escasas y precarias. Con respecto a los derechos humanos, indica que sólo “un pequeño número de fieles se siente interpelado” por su promoción.
El texto explica que la “acción concreta en servicio de los más pobres y necesitados, que no pueden satisfacer sus derechos fundamentales, conforme a su dignidad de personas” no se da “sólo a través de la asistencia personal, aislada y puntual, sino también a través de obras de carácter social y comunitario”.
Asimismo, aclara que el fin del plan no es lograr “una determinada cuota de poder” o constituir a la Iglesia “en una suerte de poder alternativo, sino en razón de una mayor fidelidad a su misión de servicio al hombre cubano”.